Mi querido árbol ha perdido alguna pequeña rama pero ha resistido bien el invierno. Estoy impaciente por ver como pasa la primavera y a finales de verano poder comerme alguna de sus dulces ciruelas.
lunes, 19 de marzo de 2012
El 600 blanco con rayas
En una de las ocasiones que fui a visitar a mi novia a París, el 600 blanco con rayas llegó casi sin batería, en el viaje de vuelta me dejó tirado en el centro de la ciudad de Tours. Preguntando por aquí y por allá logré llegar a un taller FIAT (SEAT no existía en Francia), como el dinero que tenía era justo para la gasolina de vuelta me colé en el taller y le expliqué a un mecánico lo que le pasaba al coche, intenté que me dejara algunas herramientas para tratar de solucionar el problema yo mismo pero me dijo que no estaba permitido sacar herramientas del taller, que pasara de nuevo a la hora de cerrar y que me acompañaría para tratar de reparar el 600, como eran las dos de la tarde y el taller cerraba a las cinco me fui a dar una vuelta por la ciudad.
El 600 blanco con rayas aparcado en una calle
Entré en un parque tranquilo y solitario, todo estaba limpio y bien cuidado, yo caminaba distraído disfrutando del ambiente de un día soleado. Al poco rato al cruzarme con un tipo me pareció que hacía un gesto raro que no llegué a ver bien, el tipo dio un rodeo por los caminos y volvió a venir de frente, esta vez pude ver con claridad que se hachaba mano "al paquete" y me hacía un enorme guiño, el tío me dejó parado y sin saber como reaccionar, en España por aquellos tiempos los maricones solían mantenerse más ocultos y discretos, la cosa no terminó así, por diferentes caminos empezaron a aparecer otros "hombres" y pronto me vi rodeado de cuatro o cinco maricones que me acosaban proponiendome toda clase de "servicios". Siempre me he sentido incomodo con los maricas y la situación me desconcertó hasta tal punto que lo único que se me ocurrió fue batirme en retirada.
Salí corriendo como un rayo sin mirar para atrás, cuando llegué a la salida, con el rabillo del ojo pude ver que solo uno parecía intentar seguirme pero le había sacado bastante ventaja, dejé de correr y giré por la primera bocacalle a paso muy rápido, al pasar por delante de una gran iglesia vi la puerta entreabierta y me colé dentro; el olor a incienso, la tenue luz que entraba por las vidrieras y el sonido del órgano me tranquilizaron enseguida, me camuflé por una de las naves laterales y me senté en un lugar apartado, la nave central estaba llena de fieles, algunos me miraban preguntándose quién podía ser yo y que estaría haciendo allí, en el altar un cura y dos monaguillos celebraban una misa, pronto me di cuenta que no era una misa normal, se trataba de un funeral de cuerpo presente; por la pomposidad y el vestir de la gente deduje que el muerto debía ser una personalidad y allí estaba metidito en su caja todo tieso como un ajo. Como la música era agradable y no quería volver a salir a la calle decidí esperar hasta el final de la ceremonia. Todo era normal pero antes de terminar presencié algo que cuando lo recuerdo todavía me da la risa; el cura se acercó al ataúd y todo el publico se levantó para ponerse en fila, a continuación el cura bendijo al difunto rociándolo con el hisopo y después lo metió en un pequeño cubo lleno de agua bendita que sostenía uno de los monaguillo, el primero de la fila se adelantó y tomando el hisopo de nuevo repitió sobre en muerto los mismos gestos, la cosa siguió y los mas de cien asistentes continuaron duchando al pobre muerto que terminó como una sopa. Con el espectáculo me había olvidado completamente de los maricas y de mi cita con el mecánico. Salí de la iglesia y eché a correr, aunque esta vez era para no llegar tarde al taller. Cuando salió el mecánico nos subimos en su coche y fuimos a donde estaba el 600. Después de hacer unas cuantas comprobaciones me dijo que una bobina quemada impedía que se cargara la batería, intentó poner una bobina nueva pero no pudo hacerlo porque era de la marca FIAT, la única solución era llevarse la bobina a su casa para rebobinarla a mano y recargar la batería durante la noche, como no parecía haber otra alternativa acepté su oferta y quedamos para el día siguiente a las siete de la mañana. Y aquí me tenéis, sin un duro en el bolsillo y teniendo que pasar la noche hecho un cuatro dentro de mi 600 blanco con rayas, menos mal que todavía me quedaba algún bocata de los que me había hecho mi novia para el viaje.
Mi novia en el jardín de su casa
Eran mas o menos las seis y media de la tarde cuando deambulando por las calles para matar el tiempo pasé por delante de un cuartel, hacía poco que había terminado la mili y la imagen me resultó de lo mas familiar. Me acerqué al centinela y le dije si podía hablar con el oficial de guardia, cuando salió le expliqué mi odisea y le pregunte si podía pasar la noche en el cuartel, ante mi asombro no puso reparos y aceptó enseguida, me hizo acompañar por un soldado y fuimos a la compañía donde después de recoger sábanas limpias y una manta me asignaron una cama, después fuimos al comedor y cené con todos los soldados, durante la cena les conté los percances de mi viaje y se lo pasaron fenomenal con las historias del parque y del funeral. No recuerdo a que hora tocaron silencio lo que si se es que dormí como un lirón hasta las cinco de la madrugada que me despertó el toque de diana. Después de una ducha fuimos a desayunar, cruasanes y café con leche, todo un lujo. Mientras me despedía algún soldado dijo desde el fondo del comedor : "adiós español y mira bien donde pones el culo"; la carcajada fue general. Yo seguí mi camino con una cierta nostalgia por tener que separarme de aquella gente que me había acogido con tanta amabilidad. Cuando llegué al 600 el mecánico ya estaba allí y casi había terminado la reparación y ademas no me quiso cobrar nada, como no sabía como agradecer su gesto le di mi dirección y teléfono y como de costumbre en estos casos le dije que si alguna vez viajaba a Madrid no dudara en llamarme para invitarle a una copa. Y así fue como después de pasar casi veinticuatro horas en Tours terminó mi aventura y continué mi camino hacia Madrid con el 600 blanco con rayas.
miércoles, 27 de abril de 2011
27 de Julio de 2007
A mi hermano Ignacio
Por aquel entonces vivíamos en Maro, David debía tener un año y medio, durante unos días de vacaciones fuimos a casa de papá y mamá, por el jardín había tres o cuatro tortugas, una de ellas me la había regalado mi amigo Juan Luís y me hizo ilusión recuperarla para mi hijo, de las otras no volví a saber nada pero Petronila, que así es como la bautizamos, fue nuestra compañera durante muchos años. Del patio de la casa de Maro, en donde David la disfrutaba, pasó a vivir en la terraza del piso de Albiñana, donde a la llegada de Sara se transformó en la tortuga de mis hijos.
Cuando nos mudamos a Calviá la vida de Petronila cambió por completo, de estar en suelos de cemento y baldosas pasó a vivir en el jardín, donde además descubrimos que había otra. Durante mis paseos por el campo Taro localizaba las tortugas de por allí y yo me las llevaba a casa e incluso recuperé una del tamaño de una pelota de tenis que llegó a Marineland en un camión de estiércol. Feliz vida la que en esos días tuvo Petronila, disfrutaba de compañía, comida natural en abundancia, el clima ideal y seguramente algún macho de su gusto, es muy posible que en Calviá hayan quedado algunos descendientes suyos.
Nuestro traslado a Andorra para ella fue nefasto, se pasaba los días en un rincón del piso completamente inactiva y casi no se alimentaba, tenía que encontrar una solución. Pensé que la persona más idónea para que se ocupara de ella eras tú, Ignacio, tenías una casa con jardín, a Karin le gustan los animales y tu hijo Julito era pequeño y le gustaría el regalo de su tío.
A mi hermano Ignacio
Por aquel entonces vivíamos en Maro, David debía tener un año y medio, durante unos días de vacaciones fuimos a casa de papá y mamá, por el jardín había tres o cuatro tortugas, una de ellas me la había regalado mi amigo Juan Luís y me hizo ilusión recuperarla para mi hijo, de las otras no volví a saber nada pero Petronila, que así es como la bautizamos, fue nuestra compañera durante muchos años. Del patio de la casa de Maro, en donde David la disfrutaba, pasó a vivir en la terraza del piso de Albiñana, donde a la llegada de Sara se transformó en la tortuga de mis hijos.
Cuando nos mudamos a Calviá la vida de Petronila cambió por completo, de estar en suelos de cemento y baldosas pasó a vivir en el jardín, donde además descubrimos que había otra. Durante mis paseos por el campo Taro localizaba las tortugas de por allí y yo me las llevaba a casa e incluso recuperé una del tamaño de una pelota de tenis que llegó a Marineland en un camión de estiércol. Feliz vida la que en esos días tuvo Petronila, disfrutaba de compañía, comida natural en abundancia, el clima ideal y seguramente algún macho de su gusto, es muy posible que en Calviá hayan quedado algunos descendientes suyos.
Nuestro traslado a Andorra para ella fue nefasto, se pasaba los días en un rincón del piso completamente inactiva y casi no se alimentaba, tenía que encontrar una solución. Pensé que la persona más idónea para que se ocupara de ella eras tú, Ignacio, tenías una casa con jardín, a Karin le gustan los animales y tu hijo Julito era pequeño y le gustaría el regalo de su tío.
Después llegó la primera cría, estabais como locos, era increíble, yo sentía una gran envidia pero desde lejos lo disfrutaba y me consolaba pensando que había valido la pena separarme de ella.
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| Hijas de Petronila saliendo del nido |
Año tras año Petronila siguió criando, se os escapó el macho y me las arreglé para proporcionaros otro comprado ilegalmente, y Petronila siguió siendo una excelente madre.
Yo disfrutaba de las tortugas por vuestras noticias y de cuando en cuando durante mis visitas a vuestra casa me fascinaba ver a Petronila y toda su descendencia.
Pero poco a poco las cosas se fueron complicando. Por un lado los “político” por otro los “doctores en biología” y finalmente un poco porque se puso de moda el proteccionismo, empezaron a surgir normas y trabas para impedir que los particulares pudieran tener en casa animales protegidos.
Pero poco a poco las cosas se fueron complicando. Por un lado los “político” por otro los “doctores en biología” y finalmente un poco porque se puso de moda el proteccionismo, empezaron a surgir normas y trabas para impedir que los particulares pudieran tener en casa animales protegidos.
Actualmente es verdad que las normas son estrictas y que es un peligro tener tortugas sin la documentación correspondiente, pero Petronila, para mi y los míos, está tan cargada de recuerdos y tan ligada a mi familia que me resulta imposible separarme de ella y perderle el rastro definitivamente. Es por eso que la quiero recuperar.
domingo, 10 de abril de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
Para Virginia
Siempre me han atraído los árboles con personalidad y por esto me gusta fotografiarlos.
Este grandioso pino es sin duda el rey de los bosques de Ordino, desde donde está situado domina todo el valle y sus ramas se alzan a mas de trentaicinco metros.
Este venerable nogal de grandes proporciones ha elegido un rincón tranquilo y soleado, también él domina gran parte del valle y además cuando se cubre de hojas proporciona una agradable sombra a los acalorados excursionistas.
Este gran abedul cada otoño obsequia a los paseantes vistiéndose con bonitos tonos dorados.
Mientras que este insignificante árbol se retuerce y aguanta como puede la rudeza de los inviernos...
...para poder ofrecerme en cada momento su imagen cautivadora, por eso se ha vuelto mi árbol favorito y...
nos hemos hecho amigos.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Reunión de golondrinas
Cuando las golondrinas eligen un cable para reunirse ofrecen un espectáculo inigualable, ahora en las grandes ciudades los entierran y ya no hay golondrinas.
Nunca las he visto descansar en ningún otro sitio excepto en sus nidos bajo los aleros, pero en los modernos edificios también han suprimido los aleros.
Y... yo no se vivir sin golondrinas.
viernes, 19 de marzo de 2010
Subida al Aneto en solitario - Septiembre 1976
Hacía tiempo que tenía ganas de subir a un gran pico en solitario, en cuanto se presentó la ocasión puse en el proyecto todo mi entusiasmo, no tenía predilección por ninguno en concreto pero las dos posibilidades que mas me atraían eran el Monte Perdido por el valle de Pineta o el Aneto desde Renclusa, me decidí por la segunda posibilidad y cuando llegaron mis días libres ya lo había preparado todo.
El día de la salida, cuando me levanté hacía un tiempo infernal, el agua caía a cántaros y la tormenta estaba justo encima, no amainó hasta mas allá de Lérida, seguí porque a medida que amanecía se iban abriendo algunos claros y el tiempo parecía mejorar, esto me dio ánimos para continuar felizmente con mi viaje.
El pueblo de Bonansa (Lerida) entre nubes
Todavía era muy temprano cuando pasé por Benasque y empecé a adentrarme por el valle del Ésera, las recientes lluvias habían dejado el aire fino y limpio y los oscuros verdes de las coníferas contrastaban con los maravillosos tonos otoñales de los árboles caducifolios dándole al paisaje una especial belleza.
Antes de llegar a los Baños de Benasque cruzaron la carretera una pareja de ardillas, se subieron tranquilamente en las ramas de un grupo de avellanos y como había parado el motor del coche para no asustarlas, pude disfrutar de sus ágiles movimientos y estáticas posturas durante un buen rato. Siguiendo, ya cerca de los Baños encontré a un mozo que acarreaba leña, él creía que el buen tiempo no tardaría en llegar pero me dijo que esos días atrás había hecho muy malo y que no había parado de caer agua.
Llegué al final del camino y dejé el coche, después de una buena comida cojí el equipo y empecé a subir hacia el refugio de la Renclusa, al poco rato me crucé con cuatro montañeros que bajaban desanimados, ellos también habían ido a subir al Aneto pero el mal tiempo había pasado por agua sus ilusiones y tuvieron que pasar el fin de semana encerrados en el refugio sin poder salir, tendrían que esperar otra ocasión para realizar sus planes, antes de separarnos manifestaron la sana envidia que sentían hacia mi y me desearon buena suerte en mi aventura. Poco después llegué a Renclusa y tras echar un vistazo seguí mi camino, siempre que puedo evito los refugios y sus alrededores por lo sucios que suelen estar estos lugares, parece mentira que los "cerdos" sean capaces de llegar tan arriba.
Instalé la tienda en una pequeña pradera al pié de los Barrerones de la cresta de los Portillones y después de colocarlo todo, como solamente eran las dos de la tarde, me dediqué a explorar un poco la zona. Subí al pico Renclusa cresteando desde el Portillón Superior, desde este magnífico observatorio seguí con la mirada el itinerario que tendría que hacer al día siguiente. Todo el glaciar estaba de un blanco inmaculado lo que indicaba que mas arriba había caído una buena nevada.
Bajé al campamento y tomé un té con algunos frutos secos, después me entretuve en subir un poco siguiendo el torrente Maladeta, llegué a una pradera toda encharcada donde encontré las dos ranitas mas diminutas que jamás haya visto, tenían el tamaño de un grano de arroz.
He olvidado que subiendo al Portillón superior pude ver tres perdices de las nieves que ya tenían su blanco plumaje invernal, me hizo mucha ilusión comprobar que todavía quedan por el Pirineo.
Croquis del itinerario
Llovió mcho durante gran parte de la noche pero dentro de la tienda pude dormir tranquilo , cuando me desperté miré el reloj y eran las seis de la madruga, el cielo estaba completamente despejado y repleto de estrellas, empezaba a clarear. Sin perder tiempo desayuné abundantemente y me preparé para salir.
Pico Renclusa al amanecer
El Aneto desde La Cresta de Los Portillones
Comencé a cruzar la gran extensión de bloques pétreos de la morrena sin perder ni ganar altura y con la vista puesta en la bonita silueta del Aneto que poco a poco iba estando cada vez mas cerca.
Creo que volví la cabeza por primera vez al pisar el borde del glaciar, me llevé una sorpresa al comprobar que entraban nubes por El Collado Maldito pero no le di mucha importancia, era temprano y ya sobre el glaciar podía llevar un ritmo ligero y constante.
Empecé a caminar entretenido en observar como rodaban ladera abajo los pequeños trozos de nieve que desprendían mis botas. Unos, los mas redondos, rodaban a gran velocidad haciendo una linea contínua en la reciente capa de nieve, mientras que otros, de formas mas irregulares, parecían bajar a trompicones dejando tras de si una línea de trazos.
El Aneto y su magnífico glaciar
Las nubes hechas girones aparecian por encima de los picos y crestas que se encontraban a mi derecha, un viento rancheado y cálido empezaba a soplar cada vez mas fuerte pero seguía haciendo un sol intenso y el aire era tan caliente que hacía sudar con el esfuerzo.
Una de las veces que me detuve observé que por caminar distraídamente, la línea de mis huellas se curvaba cada vez mas hacia abajo, reanudé la marcha tomando como referencia el Colado Coronas dede el cual sabía que tendría que atacar el pico de Aneto, de esta manera mi trayectoria hizo un quiebro brusco buscando una pendiente bastante fuerte lo que me obligaba a pararme de cuando en cuando, circunstancia que aprovechaba para contemplar el paisaje.
Mirando atrás sobre mis huellas
… y poco a poco me encontré sorteando grandes grietas, los veinte centímetros de nieve nueva habían cubierto el grisáceo hielo pero por suerte no había nevado lo bastante como para que se hubieran formado los peligrosos puentes de nieve que en algunas ocasiones camuflan las grietas , por lo tanto mi marcha era segura y podía recrearme con toda la grandiosidad de la montaña.
Una impresionante grieta
Al llegar al punto en donde tomé esta foto el tiempo empezó a preocuparme un poco, era temprano todavía y las nubes seguían estando muy entrecortadas, por eso seguí adelante sin dar demasiada importancia a la climatología.
Por fin alcancé el Collado de Coronas por donde entraba un fuerte viento cálido y húmedo que hacía desprenderse los repollos de hielo adheridos a las rocas, este mismo viento había barrido la nieve derritiendo un poco la superficie del hielo haciéndolo muy resbaladizo lo que obligaba a andar con mucha precaución, tengo que reconocer que en este momento estuve a punto de dar media vuelta pensando que era la medida más prudente pero sin embargo, al sentir la proximidad del pico, que realmente ya no se veía tapado por las nubes, decidí hacer el último esfuerzo y continué subiendo.
Como ya he dicho antes, las condiciones del suelo en este lugar no eran muy buenas y como no tenía crampones tuve que empezar a tallar escalones en el hielo con el piolet.
Último espolón (a la derecha el Collado de Coronas)
Después de avanzar un poco decidí pasarme a la roca a pesar de que esta tenía un cascarón de hielo que había que romper para poder hacer presas y apoyos seguros, esto me pareció todavía mas arriesgado y volví a la nieve, que por suerte y gracias a que la vía giraba hacia el Este, volvía a estar en buenas condiciones para avanzar.
El pasarme a la roca realmente fue motivado por un resbalón que me hizo descender diez o quince metros y que pude parar con el piolet, pero por no llevar los guantes puestos, salí con algunos cortes en la mano derecha provocados por el hielo.
A estas alturas las energías se agotan fácilmente, cada diez pasos tenía que pararme a recuperar el aliento, hacía un rato que ascendía envuelto en nubes por lo que no podía disfrutar del paisaje, sin duda maravilloso, que puede disfrutarse desde allí en días despejados, de todas formas, por pequeños agujeros que de cuando en cuando se habrían en la niebla, pude disfrutar de la visión efímera de algún pico o trozo de glaciar.
Poco a poco ganaba altura y en los descansos me entretenía en observar a esos pajaritos oportunistas que sin miedo del mal tiempo van alimentándose de los mosquitos y otros insectos que están ateridos en la nieve y que han sido transportados hasta allí por las masas de aire cálido.
Por fin alcancé la cumbre secundaria, desde esta precumbre para llegar a la cima hay que pasar por el conocido Puente de Mahoma, (*) en aquella ocasión dicho puente estaba simplemente criminal, dejé todo lo que llevaba, incluso el piolet, y empecé a atravesarlo pegado a la roca como un pulpo, no había ni un trocito de roca que no estuviera cubierto por el hielo y el vacío bajo mis pies era inmenso, después de muchos sufrimientos a las doce y media hice cumbre.
Cumbre, 29 Sep. 1976 - 12:30 h
Como es lógico sentí lo indescriptible, una inmensa satisfacción porque la montaña me había dejado conquistarla en solitario poniendome a prueba con unas dificultades fuera de lo común.
En el cuaderno de la cumbre escribí algunas de las peripecias pasadas durante la ascensión y lo volví a colocar en el buzón. Después de hacer la foto de rigor como no se veía nada y el tiempo iba de mal en peor me dispuse a iniciar el descenso pero antes de atravesar de nuevo el Puente de Mahoma no se porqué grité a pleno pulmon:
.- Jose, Nano… me acuerdo mucho de vosotros!
Pense volver y escribirlo en el cuaderno pero no lo hice, de todas formas nadie lo hubiera entendido.
Bajando las primeras pendientes sufrí lo mío pero después de las dificultades pude bajar a buen ritmo, a las tres y media estaba en mi campamento, a las cinco aproximadamente llegué al coche y a las ocho estaba en el hotel Benasque donde cené y dormí confortablemente.
* en la primera ascensión Albert de Franqueville bautizó el paso final a la cumbre como paso de Mahoma, se supone que en referencia a la leyenda musulmana que dice que la entrada al paraíso es tan estrecha como el filo de una cimitarra
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